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Gracias Clara.
Lula
sábado 16 de enero de 2010
miércoles 6 de enero de 2010
La Crónica del Día de Reyes y el Gato Suicida
A las 13.30 llega un sms a mi móvil procedente de Vueling compañía aérea, que dos días antes en el trayecto Vigo-Barcelona habían olvidado introducir mis dos maletas facturadas en el avión, informándome de que llegarían a lo largo del día.
Dispuesta a pasar el día libre esperando las ansiadas maletas, a las 14 h llaman al telefonillo, el cuál estropeado, permite abrir la puerta del edificio, pero no escuchar ni responder a quien llama. Después de repetidos intentos por ambas partes (yo arriba, alguien abajo), por abrir yo y picar en el telefonillo el de abajo, opto por asomarme a la ventana, desde el 5º piso y con balcones por medio no conseguí vislumbrar figura alguna en la acera, así que me decicí por bajar, suponiendo que quien llamaba retenía mis maletas en su poder.
Bajé las escaleras de dos en dos, prácticamente en pijama, y una bufanda enroscada en mi cuello, cuándo llegué abajo y me asomé a la acera desde la puerta, no había nadie, esperé un rato, suponiéndo que quién quiera que fuese quizás saliese de un coche cercano, pero no así fué. Volví a subir a mi piso, las escaleras otra vez de dos en dos. El móvil sonaba insistentemente. El maletero me decía que no había nadie en casa, yo le decía que sí estaba en casa, que le había abierto la puerta, y él volvió a insistir en que no había nadie en casa, en fin... después de un rifirrafe improducente me indica que lo espere abajo que él se niega a subir mis maletas a un 5º piso sin ascensor.
Vuelvo a bajar las escaleras de dos en dos, sigo en pijama, cada vez más despeinada, y con mi bufanda enroscada al cuello. Me asomé de nuevo a la acera, y al instante aparcó una monovolumen con mis maletas. Por fin, pensé.
Subí las maletas, esta vez las escaleras de una en una, abrí la puerta de mi piso. Milo, el gato que vive conmigo, que constantemente intenta escaparse de casa cada vez que dicha puerta se abre y habitualmente tengo que recoger del 6º piso (ya que en sus intentos por escapar y contra toda lógica en la huída nunca lo hace hacia el piso de abajo, sino hacia el de arriba), intentó huír como de costumbre, entre las maletas y mis piernas aplaqué su escape, a regañadientes, pues es un tocapelotas con el tema. Cerré la puerta y encaminé mis maletas hacia mi habitación, dónde tengo el armario con la ropa.
Tras algún que otro paseo por el piso deshaciendo los embalajes y colocando ropa y otros objetos aquí y allá llamo a Milo, pues rato llevaba sin dar señales. Milo, Milo, y Milo no aparece, busco aquí y allá, entre sofás, sillas, mesas, armarios y demás, y Milo no aparece... Dudé si en mi entrada con las maletas había conseguido salir, pero tras hacer memoria estaba casi segura de que no. Ante la duda pues de él ni rastro, ksalto a las escaleras del edificio, subo al 6º, lugar al que como he dicho acostumbra a llegar, ni rastro. Bajo nuevamente, las escaleras de dos en dos, por si acaso esta vez y contra todo pronóstico su fuga la encaminase rumbo al portal, llego abajo, y nada, ni rastro de Milo.
Abro la puerta, y me vuelvo a asomar, ya intranquila empiezo a llamarlo por la acera, entre los coches, en pijama, con mi bufanda al cuello, despeinada, y con zapatillas de esas que te hacen el pié enorme. Ni rastro de Milo. Me incorporo, y ante mi un coche con la luna abombada, hecha añicos, mi corazón comenzó a palpitar profusamente, parecia que un minicuerpo hubiese caído desde una altura considerable, miro hacia arriba, ni que decir que el coche se encontraba ubicado justo bajo mi ventana de quinto piso, que el capó delantero tenía pequeños fragmentos de cristal, lo que indicaba que el incidente había ocurrido allí mismo.
Volví mucho más nerviosa a buscar bajo los coches, y tras vueltas y vueltas, Miloooo!, Milooo! momentos de desesperación, incluso abrí los containers, por si alguien había tirado el cadáver, la del primero asomada siguiendo mis pasos, la gente mirándo curiosa...
otrora siguiendo todas las ruedas, coche por coche, un maullido débil, allí estaba Milo, bajo una rueda tres vehículos a la derecha, maullando trémulo.
Lo que siguió fué el taxi, con vaqueros, deportivas, la chaqueta y la bufanda todavía enroscada en mi cuello, veterinario de urgencias, radiografía, extracción de sangre y toqueteos varios.
Una contusión en los pulmones, ningún hueso roto, sugerían hospitalización a la que me negué, una dolorosa de 150 euros, y a casa.
Ahora duerme el cabrón, plácidamente, ha gastado una vida ya, si no se le han ido dos o tres con semejante golpe. Me toca observarlo, que no empeore, y mañana otra vez veterinario, para hacerle el seguimiento. Seguro otros 100 euros.
En fin. Espero que vuestro día de reyes haya sido más relajado que el mío.
Después de todo el mejor regalo que de reyes que he tenido ha sido encontrar a Milo y que no se cargase las siete vidas del tirón.
Dispuesta a pasar el día libre esperando las ansiadas maletas, a las 14 h llaman al telefonillo, el cuál estropeado, permite abrir la puerta del edificio, pero no escuchar ni responder a quien llama. Después de repetidos intentos por ambas partes (yo arriba, alguien abajo), por abrir yo y picar en el telefonillo el de abajo, opto por asomarme a la ventana, desde el 5º piso y con balcones por medio no conseguí vislumbrar figura alguna en la acera, así que me decicí por bajar, suponiendo que quien llamaba retenía mis maletas en su poder.
Bajé las escaleras de dos en dos, prácticamente en pijama, y una bufanda enroscada en mi cuello, cuándo llegué abajo y me asomé a la acera desde la puerta, no había nadie, esperé un rato, suponiéndo que quién quiera que fuese quizás saliese de un coche cercano, pero no así fué. Volví a subir a mi piso, las escaleras otra vez de dos en dos. El móvil sonaba insistentemente. El maletero me decía que no había nadie en casa, yo le decía que sí estaba en casa, que le había abierto la puerta, y él volvió a insistir en que no había nadie en casa, en fin... después de un rifirrafe improducente me indica que lo espere abajo que él se niega a subir mis maletas a un 5º piso sin ascensor.
Vuelvo a bajar las escaleras de dos en dos, sigo en pijama, cada vez más despeinada, y con mi bufanda enroscada al cuello. Me asomé de nuevo a la acera, y al instante aparcó una monovolumen con mis maletas. Por fin, pensé.
Subí las maletas, esta vez las escaleras de una en una, abrí la puerta de mi piso. Milo, el gato que vive conmigo, que constantemente intenta escaparse de casa cada vez que dicha puerta se abre y habitualmente tengo que recoger del 6º piso (ya que en sus intentos por escapar y contra toda lógica en la huída nunca lo hace hacia el piso de abajo, sino hacia el de arriba), intentó huír como de costumbre, entre las maletas y mis piernas aplaqué su escape, a regañadientes, pues es un tocapelotas con el tema. Cerré la puerta y encaminé mis maletas hacia mi habitación, dónde tengo el armario con la ropa.
Tras algún que otro paseo por el piso deshaciendo los embalajes y colocando ropa y otros objetos aquí y allá llamo a Milo, pues rato llevaba sin dar señales. Milo, Milo, y Milo no aparece, busco aquí y allá, entre sofás, sillas, mesas, armarios y demás, y Milo no aparece... Dudé si en mi entrada con las maletas había conseguido salir, pero tras hacer memoria estaba casi segura de que no. Ante la duda pues de él ni rastro, ksalto a las escaleras del edificio, subo al 6º, lugar al que como he dicho acostumbra a llegar, ni rastro. Bajo nuevamente, las escaleras de dos en dos, por si acaso esta vez y contra todo pronóstico su fuga la encaminase rumbo al portal, llego abajo, y nada, ni rastro de Milo.
Abro la puerta, y me vuelvo a asomar, ya intranquila empiezo a llamarlo por la acera, entre los coches, en pijama, con mi bufanda al cuello, despeinada, y con zapatillas de esas que te hacen el pié enorme. Ni rastro de Milo. Me incorporo, y ante mi un coche con la luna abombada, hecha añicos, mi corazón comenzó a palpitar profusamente, parecia que un minicuerpo hubiese caído desde una altura considerable, miro hacia arriba, ni que decir que el coche se encontraba ubicado justo bajo mi ventana de quinto piso, que el capó delantero tenía pequeños fragmentos de cristal, lo que indicaba que el incidente había ocurrido allí mismo.
Volví mucho más nerviosa a buscar bajo los coches, y tras vueltas y vueltas, Miloooo!, Milooo! momentos de desesperación, incluso abrí los containers, por si alguien había tirado el cadáver, la del primero asomada siguiendo mis pasos, la gente mirándo curiosa...
otrora siguiendo todas las ruedas, coche por coche, un maullido débil, allí estaba Milo, bajo una rueda tres vehículos a la derecha, maullando trémulo.
Lo que siguió fué el taxi, con vaqueros, deportivas, la chaqueta y la bufanda todavía enroscada en mi cuello, veterinario de urgencias, radiografía, extracción de sangre y toqueteos varios.
Una contusión en los pulmones, ningún hueso roto, sugerían hospitalización a la que me negué, una dolorosa de 150 euros, y a casa.
Ahora duerme el cabrón, plácidamente, ha gastado una vida ya, si no se le han ido dos o tres con semejante golpe. Me toca observarlo, que no empeore, y mañana otra vez veterinario, para hacerle el seguimiento. Seguro otros 100 euros.
En fin. Espero que vuestro día de reyes haya sido más relajado que el mío.
Después de todo el mejor regalo que de reyes que he tenido ha sido encontrar a Milo y que no se cargase las siete vidas del tirón.
domingo 27 de diciembre de 2009
viernes 11 de diciembre de 2009
Trampantojo
Trampantojo
trampa + antojo
decía Ana
si un recuerdo
de esperanza no vive el azul
que su color oscurece y muere.
rrrrrrrrrrrrr
arrullo
gggrrrrrrrrrr
pensó
pesaba el aire,
rabia,
pensamientos que se superponen
oscuro
mala ostia de saberme envuelta
que jamón ni que chorizo
gritaba
Nunca Mais!
Conversación con M
está lloviendo
es esta la lula que me atrapa



me encantan estos días de lluvia
está todo tan tranquilo...
sì, a mi también.. es un descanso
aunque alimente los bajones, cuando hay bajones
hehe
bueno, los bajones también hay que sentirlos,
que mejor que un día de lluvia para sentir bien un bajón
un bajón en día de sol es un asco
mejor con lluvia
así uno se siente acompañado por... la naturaleza
es como que el tiempo viene a llorar tu pena contigo
es esta la lula que me atrapa
es la que es...
desde aquí estoy viendo los tejados, y la lluvia constante caer,
el cielo está blanco y hay algunas palomas que revolotean rápidas entre la llúvia,
me encanta esta visión,
se escuchan los coches pasar, apagados por las ruedas sobre el asfalto mojado, y el murmullo de la gente es muy tímido,
están todos sedados por la humedad,
y tú estás ahí,
y te lo puedo contar...
cada día soy más consciente del agua que navega por mis venas,
del lazo que me une a todo el agua exterior a mi cuerpo, al mar, a la lluvia,...
del lazo que me une a todo el agua exterior a mi cuerpo, al mar, a la lluvia,...
bueno, paro ya que me pongo mística
no no sigue
me gusta mucho
gracias
no tienes que agradecer

me ha sentado muy bien no fumar anoche
hoy me he levantado con la mente clara
y con más energía
está bien que alguien tenga la mente clara
está bien que alguien tenga la mente clara
hehe




