[...] Entonces lo tocó con tanta libertad que él sufrió una desilusión despues del estremecimiento inicial, y experimentó más miedo que placer. Ella le pidió que esa noche fuera a buscarla. Él estubo de acuerdo, por salir del paso, sabiendo que no sería capaz de ir. Pero esa noche, en la cama ardiente, comprendió que tenía que ir a buscarla aunque no fuera capaz. [...]
"Cien años de soledad"
Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez

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