sábado 1 de noviembre de 2008

El Breve Amor


Con qué tersa dulzura

me levanta del lecho en que soñaba
profundas plantaciones perfumandas,

me pasea los dedos por la piel y me dibuja
en el espacio, en vilo, hasta que el beso
se posa curvo y recurrente

para que a fuego lento empiece
la danza cadenciosa de la hoguera
tejiéndonos en ráfagas, en hélices,
ir y venir de un huracán de humo-

(¿Por qué, después,
lo que queda de mí
es sólo un anegarse entre cenizas
sin un adiós, sin nada más que el gesto
de liberar las manos?)

Julio Cortázar. Salvo el crepúsculo