domingo 7 de diciembre de 2008
La Sibila
Entre oscuras nebulosas de cadmio vivo,
la luz de una sombra oscura
subía entre gruesos troncos azules,
venía a morir en la cima
allí dónde moraba la sibila.
Esperaba cada noche entre hojas grises
que su haz le iluminase el rostro,
en sus manos la mantenía latente,
mientras, abajo el ritmo era otro,
sucumbían las dulces hojas
en caída libre surcando eses,
allá un vacío deconocido que moría,
día tras día entre acumulaciones ocres.
¿Qué diría el llanto si la escuchase?
su hilo de voz elevarse a ciegas,
a la vez que acariciaba su piel desnuda
con sus dedos revivía y en su mano moría,
noche tras noche se deshacía, se rehacía,
desvanecía en ordas de rojos conotados.
Entre oscuras nebulosas de cadmio vivo,
la luz de una sombra oscura
subía entre gruesos troncos azules,
venía a morir en la cima
allí dónde moraba la sibila.
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