Entre cerveza y comida barata
se acercó dudando, pues hacía un año.
Había crecido, a lo ancho,
en sus ojos podía el cansancio.
su piel decía desengaño y desazón
una mueca rebelde, la torcida boca,
entre gestos repartía, se sentía sola,
sostenida frase, vino a mostrarme
¿sabes qué?
Como un accidente me golpeó,
desde entonces muero de asco,
pues cuenta me he dado
"que todo el mundo es egoístia"
El nerviosismo la dominaba
a la dama de grueso porte
y en mi mente divagaba
argumentaba atropelladamente
un entorno deshumanizado
mientras la máxima asentaba
¿Pues sabes qué?
¡Que tienes toda la razón!
¡QUE ASCO!
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